Me parece muy extraño que a Lía Limón se le detone su huella de abandono cuando uno se refiere a su estado civil. No alcanzo a calcular cuánto ha de haber sufrido dado que es una de las preguntas que se hacen desde un trámite oficial hasta para la información en la cuenta personal de Facebook
Hicimos todo lo posible por evitarnos. Durante un evento reciente en el Club de Industriales Lía Limón García y yo procuramos no cruzar miradas para no tener que saludarnos. La alcaldesa de Álvaro Obregón y yo lo conseguimos durante por lo menos dos horas hasta que una amiga en común forzó un reencuentro que, desafortunadamente, sólo le echó limón a la herida.
Pero vayamos por partes. Lía Limón y yo nos conocimos en el año 2008 en la boda del político y empresario restaurantero Alberto Cinta Martínez y Gloria Michel. En aquellos tiempos Lía ya se había divorciado de Luis Carlos Ugalde, que también andaba en la boda con su nuevo amor, y para entonces, ya había dejado de ser el Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral (IFE).
Al banquete celebrado en el Gran Hotel de la Ciudad de México Lía Limón llegó con el periodista Salvador Camarena, su pareja sentimental en aquella época, y a quien yo conocía perfectamente pues habíamos sido compañeros de trabajo en Grupo Editorial Expansión. Él como editor de la revista Chilango y yo como editor de Política en la revista Quién.
Digamos que Salvador fue quien me la presentó, digamos que Lía y yo nos llevamos bien en esa fiesta y a partir de esa fiesta. En mi acervo fotográfico conservo una imagen bailando juntos los tres en la pista con estrellitas en la frente.
Luego ellos tronaron. Yo me fui de Quién en el año 2010 e ingresé como reportero y bloguero a Animal Político. Ahí publiqué en mi blog Cuna de Grillos sobre el nuevo amor de Lía: el publicista Hugo Scherer, primo de los herederos del semanario Proceso. Y se me armó la de Dios es padre.
Lía Limón me llamó por teléfono a reclamar con un tono de voz alto. Me agarró manejando y en el tráfico (así lo tengo anotado en mis diarios). Yo le respondí lo que les digo a todos los que me hablan para lo mismo: “si es mentira, desmiénteme públicamente; si es un delito decir la verdad, demándame”.
En 24 años de ejercer este oficio ni he tenido un desmentido ni he tenido una demanda.
Desde aquella discusión telefónica, digamos, surgió una fractura en la relación con Lía Limón que, sinceramente, tampoco era cercana. No es una política que atraiga mucho a los lectores de los medios en los que he trabajado y, por lo tanto, no le he hecho una amplia cobertura.
Tres doritos después… Específicamente el 29 de junio de 2021 publiqué en las redes sociales de Cuna de Grillos, un gráfico titulado “Sin enlace matrimonial. Las 4 alcaldesas electas de la CDMX que no están casadas”, a propósito de la elección intermedia del mismo año. Y la recién electa alcaldesa de Álvaro Obregón volvió a reclamarme. En esta ocasión a través de su cuenta Twitter.
Lía Limón escribió: ¿Como (sic) ven @SandraCuevas_ @alfagonzalezm y @MargaretSaldana que lo que destaca @cunadegrillos es nuestro estado civil y no nuestra trayectoria y logros? Esa es la misoginia y el machismo que debemos combatir y por eso aliadas lo haremos mejor #MachismoInaceptable”.
Todo mal en esos pocos caracteres. ¿Leyó Lía Limón el eslogan de Cuna de Grillos donde se especifica que es una plataforma que muestra el lado desconocido de los políticos conocidos? ¿Lía Limón sabe diferenciar entre un medio de comunicación y la red social de Linkedin que sí habla de trayectorias y logros? ¿Conociéndome de años, cree que mi trabajo es reseñar su Curriculum Vitae? Ninguna de las arrobadas la peló. Incluso ahora, algunas, son sus enemigas.
Y es que Lía arma lío hasta en las batallas que, de inicio, tiene perdidas.
A Lía Limón le puede gustar o no mi trabajo. Está en todo su derecho. A mí me puede o no gustar el suyo. Y listo. Pero venirme a decir qué “debo” publicar de ella y qué no “debo” publicar me parece de una soberbia patológica, más allá de atentar en contra de la libertad de expresión.
¿Dónde dice que es un delito hacer público si se está casada o soltera? ¿Qué parte de la Constitución lo prohíbe? ¿Se carece de ética periodística al publicar el estado civil de una figura pública?
Me parece muy extraño que a Lía Limón se le detone su huella de abandono cuando uno se refiere a su estado civil. No alcanzo a calcular cuánto ha de haber sufrido dado que es una de las preguntas que se hacen desde un trámite oficial hasta para la información en la cuenta personal de Facebook.
La alcaldesa Lía Limón está utilizando en su defensa una frase hecha –porque no argumento– de que no se debe de hablar de la vida privada de los personajes públicos. Y eso es muy débil. La hacen quedar como una ignorante.
A Lía Limón hay que llevarla a los museos, a los palacios y a los castillos europeos, llenos de obras maestras de siglos pasados, en las que se retrata a los reyes y a las reinas mostrando su vida privada.
A Lía Limón hay que mostrarle las biografías de las mujeres de la política, escritas por ellas mismas, donde muestran su lado público y privado.
A Lía Limón hay que sentarla en un maratón de películas sobre la vida de las mujeres que han hecho historia donde, sin remordimiento, se habla de su estado civil… y más.
Lía se ha equivocado con mi trabajo y con mi persona. En la reunión reciente del Club de Industriales, luego de la exposición cara a cara de mis argumentos, entre broma y broma ella quiso sembrar, con otras asistentes, que yo había escrito “las solteronas de la política”. Hay testigos de su mala leche. Yo siempre tengo las pruebas de lo que escribo. Olvídense de que Lía haya intentado limar asperezas entre ella y yo, básicamente se dedicó a echarle Limón a la herida.
*@betotavira






