El final de un viaje también es parte de la aventura

Se habla mucho de la planeación de un viaje, su inicio y las experiencias vividas. Sin embargo, hay un momento del que se cuenta poco y que, curiosamente, es quizá el que más emociones envuelve: la conclusión del viaje.

Cuando el avión aterriza, el auto se detiene frente a casa o el autobús llega a la terminal, sabemos que la aventura ha terminado. ¿Qué sigue? La nostalgia, el cansancio y los recuerdos. Regresar a casa es retomar las actividades cotidianas y es cuando llega también el llamado síndrome postviaje, la procrastinación para desempacar y las compras de despensa para continuar con la vida diaria.

Si hay algo que nos une a los viajeros, es la común acción de dejar la maleta en un rincón. Quizá sacamos algunas cosas, quizá hasta hay quien la deja cerrada. A veces durante días o hasta semanas. Yo creo que no se hace por flojera. Es como la resistencia a aceptar que el viaje terminó. Mientras la maleta siga ahí, medio abierta, con algunas pertenencias dentro, parece que no ha concluido del todo. Porque deshacer la maleta por completo significa volver oficialmente a la rutina.

Curiosamente, regresar físicamente a casa no es lo más difícil. Lo complicado viene cuando hay qué limpiar la casa, cocinar, ir al trabajo, revisar los pendientes acumulados. Todo parece más pesado después de haber estado en modo viaje, donde el único plan del día era descubrir, pasear, comer, beber, platicar y disfrutar.

Sin embargo, también ocurre algo bonito: cada viaje cambia nuestra perspectiva de la vida, del acontecer diario y de nuestra propia realidad.
De pronto, solemos apreciar más acciones tan simples como dormir en nuestra cama, la comida casera, saludar a los vecinos y recorrer las calles de siempre. Porque regresar a casa también es parte del viaje.

Para algunos es más fácil, pero para otros se complica un poco y llegan a sentirse tristes o desmotivados. A eso se le conoce como síndrome postviaje, y es más común de lo que pensamos.

El síndrome postviaje ocurre porque durante un viaje estamos expuestos a estímulos constantes: lugares nuevos, emociones intensas, comidas, espectáculos, gente, idiomas, cambios de horario y más. Entonces, nuestro cerebro está en modo descubrimiento.

Cuando retomamos la rutina, el contraste es muy fuerte y es cuando llega la nostalgia por el destino visitado, ver las fotos del viaje constantemente, sentir que la vida cotidiana es aburrida y otros sentimientos. Pero los expertos aseguran que en realidad no es algo negativo. Es una señal de que ese viaje nos marcó, de que vivimos algo significativo y eso es maravilloso.

Cada cual tiene su forma de afrontar el fin de un viaje. En mi caso me gusta tomarme las cosas con calma al regreso a casa. Siempre viene bien un poco de descanso. Y además, me encanta comenzar a planear el siguiente viaje. Creeme que es la mejor forma de afrontar la realidad en ese momento.

Mi consejo es que no te limites, piensa en qué lugar quisieras visitar, checa vuelos, guarda ideas, consulta los atractivos y eventos en el destino. Quizá harás el viaje pronto, quizá no. Pero esa acción ayuda a afrontar mejor los días que siguen luego de que el viaje ha terminado.

Pero aquí tienes más ideas para que enfrentes esa melancolía que llega al término de un gran viaje:

Organiza tus recuerdos. Ordenar fotos, coloca en casa los souvenirs que compraste y hasta podrías hacer un diario de viaje. Con el tiempo, esos detalles se vuelven tesoros.

Comparte tu experiencia. Platica con amigos y familiares, porque al narrar lo vivido descubrimos cosas que no habíamos notado en el momento. Además, compartir la experiencia inspira a otros viajeros.

Date tiempo para retomar el ritmo. Regresar poco a poco a la rutina. Tomate un respiro en casa antes de volver al trabajo.  

Algo más de lo que casi no se habla cuando termina un viaje es el lado financiero. Después de disfrutar y gastar, llega el momento de reorganizar nuestras finanzas.

Así que no te cierres a la realidad y comienza por revisa tus gastos reales del viaje, paga lo antes posible lo que haya quedado pendiente y luego, comienza a crear un nuevo fondo para el siguiente viaje. Si te has pasado por mucho del presupuesto planeado, aprende de la experiencia y considéralo un entrenamiento en lugar de lamentarte.

Finalmente, hoy quiero aprovechar este tema para despedirme de este espacio. Durante varios años compartí mis experiencias de viaje, consejos y anécdotas en esta colaboración.

Como todas las aventuras, también esta ha llegado a su fin, pero no dejo este espacio con tristeza, sino con la misma sensación que se tiene al terminar un viaje extraordinario: gratitud.

Gracias a cada lector, a cada destino que visité en todo este tiempo y por supuesto que también a El Independiente, por darme esta oportunidad. Los sigo esperando en mi blog y redes sociales, donde continuaré compartiendo mis experiencias de viaje.

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