El día que Mouriño vetó la publicidad en la revista Quién

 Era el primer semestre del 2008 cuando sucedió mi diálogo con John. En enero de ese mismo año, Juan Camilo Mouriño Terrazo había sido designado secretario de Gobernación…

“Entre las cosas hay una de la que no se arrepiente nadie en la tierra. 

Esa cosa es haber sido valiente”

—Jorge Luis Borges

—¡Son unos cabrownes! —fue la primera expresión que emanó de las entrañas de un John Reuter indignado, con el ceño fruncido, pero con los chinos largos perfectamente bien peinados hacia atrás, en cuanto le pregunté qué consecuencias había generado la portada titulada “El Chico Súper Poderoso”.

—¿Entonces es cierto que el gobierno federal retiró la pauta publicitaria por la portada de Juan Camilo Mouriño en Quién? —pregunté abrumado al CEO de Grupo Expansión (GE), empresa a la que pertenecía la revista de sociales en la que yo fungía como editor de política desde el año 2004.

—Efectivamente, Betow. Así fue. No fue algo significativo. Es muy poco lo que se anuncia el gobierno con nosotros. Pero sí, cancelaron toda la publicidad gubernamental luego de tu reportaje. 

—¿De-bo pre-o-cu-par-me de-algo? —le pregunté, tartamudeando, al gringo que medía cerca de los 2 metros de altura mientras yo intentaba tragar saliva de mi boca, la cual se había quedado completamente seca pensando en la deuda recién adquirida en una hipoteca.

—Sí, preocúpate por traer más cover stories como ésa —respondió John Reuter mientras me daba un par de palmadas en el hombro derecho, como lo marcan los libros de management, y me sonreía y guiñaba el ojo izquierdo, como lo hace un camarada que te hace sentir que cualquier adversidad pierde todo su peso cuando se sostiene entre dos.  

No habían pasado ni dos años desde el inicio del sexenio del presidente Felipe Calderón. Era el primer semestre del 2008 cuando sucedió mi diálogo con John. En enero de ese mismo año, Juan Camilo Mouriño Terrazo había sido designado secretario de Gobernación y, a propósito de esa coyuntura, en el ejemplar de Quién del 8 de febrero se publicó un perfil biográfico que descubría, lo que hasta ese momento no se sabía, del nuevo inquilino del antiguo Palacio de Cobián.

“Antrea en el Love y lleva a sus hijos al colegio. Le gustan los trajes Zegna tanto como el futbol. No fuma, toma ron y baila de concurso. Con ustedes: el galán del gabinete”. Así decía el sumario de ese texto que, como todos, escribí al “cuarto para el cierre” y, con todo y la demora, se convirtió en el reportaje de portada gracias a que Diana Penagos, entonces editora General de Quién, gestionó con los directivos de GE.  

El chisme completo de cómo Maximiliano Cortázar  –en aquel entonces coordinador general de Comunicación Social de la Presidencia de la República– nos boicoteó y después intentó parar ese texto para que no se publicara, lo contamos en nuestro libro Quién Confiesa. Los secretos mejor guardados de la revista de sociales más importante de México, que escribí en coautoría con Diana Penagos y Jessica Sáenz, publicado por Planeta, en 2015. Aprovecho para mandar un saludito a Max. ¿Sigue vivo?

Si ya de por sí aparecer en la portada de Quién –con una foto de archivo que David Eisenberg había tomado para la revista Líderes Mexicanos–, había encabritado a Mouriño, lo que lo terminó de enfurecer fue una parte del texto donde, ingenuamente, como somos los guapos, escribí: “así esté bañado en sudor, Juan Camilo siempre tiene algo que le cubra la cadera o lo suficientemente holgado para que la disimule. Es que esa parte de su cuerpo es un poco anchita y no le gusta”.

Apenas lo leyó el protagonista retumbó en sus centros la tierra al sonoro rugir de las caderas. Mi mamacita (q.e.p.d.) nunca antes fue recordada con tanta fuerza, todas las horas de los catorce días que duró a la venta la revista Quién con la portada de Juan Camilo Mouriño. En ese mismo tiempo el programa radiofónico El Weso, de W Radio, vino a meter el dedo en la herida cuando el conductor Fernando Rivera Calderón le cantó al secretario de Gobernación, en cadena nacional, el clásico rolón de El General: 

Una libra de cadera no es cadera, / dos libras de cadera no es cadera, / tres libras de cadera no es cadera. / Tú la tienes toda por eso te ves buena. /Digo, corazón, que tu te ves bien buena. / Digo, mi amor, que tú te ves bien buena./ Bien, bien buena, tú te ves bien buena…

La venganza de las caderas del Chico Súper Poderoso no se hizo esperar. Sin que la revista hubiera dejado los stands de venta, John Reuter fue informado de que las pautas publicitarias que el Gobierno Federal tenía contratadas con diferentes revistas de Grupo Expansión habían sido canceladas. El veto no sería sólo para Quién. ¡To-das son to-das! 

A 15 años de distancia recupero la anécdota porque hace unos días, el 14 de mayo –un día antes del Día del Maestro– John Reuter murió. Y la noticia, aunque me tomó ya advertido del inevitable cierre del ciclo de su vida tras una lucha ejemplar contra el cáncer– me sacudió los recuerdos, me cimbró la nostalgia, me apachurró las emociones y, al mismo tiempo, me refrendó la importancia de la valentía. De esa que nos habla Jorge Luis Borges.

Quienes acudimos “a la escuela de John” habremos de tener todos los días de nuestras vidas una frustración permanente de habitar con el “ADN Reuter” cargado de pasión, calidad, creatividad, humanismo y valentía en un mundo en el que los medios de comunicación viven y sobreviven sólo para el algoritmo; lo demás, es lo de menos. “Los herederos de John” tendremos que dejar consignado, para la Historia, algo de lo aprendido y de lo vivido, sabedores que somos el último eslabón de una época dorada que ya no existe.

Me he dado agarrones (no públicos) con políticos y he perdido empleos por haber dicho fuerte, claro y, elegantemente, “NO”. Hasta ahora que termino de escribir estas líneas caigo en la cuenta de quién lo aprendí. Tenía razón John: los políticos “son unos cabrownes”.

In memoriam de John B. Reuter.

Twitter: @betotavira

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