La extinción del sapo dorado y los pocos árboles de aguacatillo que subsisten en Monteverde, dan cuenta de los efectos que la crisis climática está causando en el bosque nuboso de Costa Rica, un ecosistema como pocos en el mundo y al que la comunidad está procurando preservar con prácticas sostenibles en las empresas y el turismo.
«Hay nuevas especies que están llegando e interactuando con las especies de acá y eso puede generar un cambio importante en el ecosistema. En la parte alta de la cordillera es posible una pérdida gradual de especies; toda la composición florística del bosque nuboso va a ser distinta, podríamos llegar a ser una especie de bosque lluvioso tropical», dijo a EFE el líder de la comunidad y director de la organización Life Monteverde, Guillermo Vargas.
En las últimas décadas Monteverde ha resentido un aumento de las temperaturas, un incremento de días secos al año y periodos de lluvias más cortos pero con aguaceros más torrenciales, explicó Steven González, guía de Selvatura Park, uno de los sitios turísticos más visitados de la zona por la diversidad de flora y fauna, por sus programas de protección ambiental y por los puentes colgantes.
En la actualidad se han detectado en Monteverde especies de aves, felinos y serpientes que hace 30 años era impensable observar en el lugar debido a que su hábitat se encontraba en zonas más bajas con temperaturas más cálidas.
Este sitio tiene más especies de orquídeas por metro cuadrado que cualquier otro lugar conocido en el planeta con un total 523 especies y además posee el 5 % de las especies de aves del mundo.
Douglas Marín






