Decenas de personas hacen cola delante de una pequeña cocina del centro de El Cairo para saborear un plato de ‘koshary’ por última vez antes del inicio del Ramadán, el mes sagrado musulmán en el que el manjar nacional de Egipto desaparece del país para dar paso a comidas más apropiadas para romper el ayuno.
Como si de una cadena de montaje se tratara, cuatro cocineros del célebre restaurante Abo Tarek rellenan a toda velocidad una montaña infinita de platos de cartón con los ingredientes del ‘koshary’: arroz, lentejas, pasta, garbanzos, cebolla frita y un buen chorro de salsa de tomate picante que en muchos casos entumece la lengua.
Este manjar, cuyo origen incierto se cree que procede de la influencia persa e india, ganó una gran popularidad durante el dominio británico de Egipto en el siglo XIX y, desde entonces, se ha convertido en el plato nacional del país por su intenso sabor, su rápida elaboración y un precio extremadamente económico de menos de un dólar.
Sin embargo, esta bomba calórica a base de carbohidratos se toma unas vacaciones durante el mes de ramadán, cuando encontrar un restaurante de ‘koshary’ abierto se convierte en misión casi imposible.






