Así que ahora enfoquemos el reflector en las finalistas del Frente que, aunque muy sonrientitas en las fotos juntas y muy similares en su vestimenta, son antagónicas en sus respectivas biografías.

La elección presidencial de 2024 tiene aroma de mujer. Nunca antes como ahora habían llegado tantas féminas, al mismo tiempo, a la antesala de las candidaturas oficiales rumbo a la sucesión de “La Silla del Águila”. Ya se sabe, en la acera de la izquierda, donde transita el equipo de las ‘corcholatas’ (de Morena) tienen como representante a Claudia Sheinbaum. Y en la acera de enfrente, donde transita el Frente Amplio por México (de la alianza del PAN, PRI y PRD) se ubican Beatriz Paredes y Xóchitl Gálvez. 

En estas dos últimas me quiero enfocar. Y no porque #EsClaudia no use huipil o porque no sea taquillera, sino porque la morenista ya fue víctima… perdón, quise decir: ya fue analizada en una entrega previa de Política para guapos. Así que ahora enfoquemos el reflector en las finalistas del Frente que, aunque muy sonrientitas en las fotos juntas y muy similares en su vestimenta, son antagónicas en sus respectivas biografías. 

De inicio su acta de nacimiento. Beatriz tiene 70 años de edad; Xóchitl 60. Una generación de las marcadas por el INEGI, es un friego. Las coordenadas de su alumbramiento tampoco son las mismas, Beatriz le dijo adiós a la panza de su mamá en Tlaxcala; Xóchitl en Hidalgo. Beatriz en buena cuna; Xóchitl en cuna indígena y humilde. 

Y es que cuando Beatriz Elena Paredes Rangel nació, su padre, Higinio Paredes Ramos ocupaba un escaño como senador de la República (de 1952 a 1958) mientras que su mamá, Bertha Laura Rangel, era una actriz que se codeaba con los artistas del cine mexicano de los años 50; Por su parte, cuando Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz nació, su padre, Heladio Gálvez, ya era alcohólico, tenía trabajos inestables y ejercía violencia familiar en contra de su esposa Bertha Ruiz, una mujer con orígenes otomíes.

Beatriz estudió primero música en Veracruz y luego se mudó al Distrito Federal con su mamá, (quien divorciada de su marido vivió en la Anzures, Polanco y la Del Valle), para cursar la licenciatura en Sociología en la UNAM; Xóchitl también se trasladó a la Ciudad de México y se fue a vivir a un cuarto en Iztapalapa desde donde se trasladaba en transporte público a CU para cursar la licenciatura en Ingeniería en Computación.

Xóchitl comenzó su carrera política en el año 2000, a los 38 años de edad. Beatriz, a los 21 años, ya había sido electa diputada local en el congreso de Tlaxcala, a los 26 fue diputada federal (de 1979 a 1982) y a los 33 fue gobernadora de Tlaxcala desde 1987 hasta 1992.

Beatriz es miembro activo del PRI desde 1973. Xóchitl nunca se ha afiliado a algún partido político, ni siquiera al PAN, por el que ha sido jefa delegacional de Miguel Hidalgo (de 2015 a 2018) y senadora de la República (desde el 2018 y a la fecha tiene licencia).

A Beatriz no le gusta hablar de su vida personal, a cuenta gotas escribió un íntimo testimonio para el libro Gritos y susurros, coordinado por Denise Dresser y publicado por las editoriales Raya en el Agua y Grijalbo en el año 2004. Ahí dejó claro: “La razón por la que el modelo intimista no me satisface, es porque dudo que tenga algún sentido para los lectores conocer anécdotas personales”.  

Xóchitl es un escaparate de cristal. Desde sus opiniones políticas hasta sus asuntos de la cintura para abajo. En una entrevista que le hice para mi programa Los Despachos del Poder, transmitida en mayo de 2016, dijo: “Yo creo que nos viene bien a todos un poco de lujuria”, en respuesta a la pregunta de cuáles eran sus pecados. Esto otro no me lo dijo a mí, se lo dijo a la periodista Elisa Alanís, pero también cimbró las conciencias panistas: “Yo no me divorciaría de mi marido por una amante”.

Beatriz no se casó y no tuvo hijos. Según la periodista Lydia Cacho, en un perfil biográfico que investigó y escribió sobre la priista, titulado ‘Beatriz Paredes. El enigma detrás del huipil’, en el libro Los suspirantes 2012: “La única relación amorosa que se le conoce públicamente es el breve noviazgo que entabló con Pedro Joaquín Coldwell, cuando este cozumeleño fue gobernador de Quintana Roo (1981-1987); aunque ni Pedro ni Beatriz se definieron juntos”. Aquí favor de poner ojos de emojis de sorpresa.

Con lo que respecta a Xóchitl, tampoco llegó frente al altar de una iglesia vestida de blanco ni frente a un juez del registro civil. Sin embargo, sí ha vivido una relación en unión libre, con Rubén Sánchez Manzo, por alrededor de 25 años, con quien ha criado dos hijos: Diana Vega Gálvez y Juan Pablo Sánchez Gálvez. La primera no es hija biológica de Rubén Sánchez, aunque él la ha educado y amado como propia.

En el terreno del arcoíris –el que verdaderamente nos interesa a los guapos–, Beatriz no ha apoyado ni acudido a una marcha del Orgullo Gay, al menos no que sepamos sin máscara; Xóchitl participó en la marcha del año 2017 con un carro alegórico de la entonces delegación Miguel Hidalgo. Iba acompañada por parte de su equipo de trabajo, así como de familiares. Ahí trepada también iba María, una de las hijas de Santiago Creel. Esto nadie me lo contó. Yo lo vi. 

En conclusión: Una es irreverente; la otra solemne. Una es ocurrente; la otra muy profunda; una es malhablada; la otra moderada. Una ha creado dos empresas de edificios sustentables; la otra ha publicado, por lo menos, en cuatro libros. Una creó su propia fundación, Porvenir; la otra fue presidenta de la Fundación Colosio. A una le apasiona el fútbol, sobre todo cuando juega el Cruz Azul; a la otra le gusta la bohemia, sobre todo las canciones de María Betania. 

Las dos aspirantes a candidatas de la oposición no están cortadas con el mismo huipil. Xóchitl y Beatriz. Beatriz o Xóchitl buscan simbolizar lo diferente a lo que hemos vivido en este sexenio. ¿Cuál de las dos aspirantes del Frente será la elegida para dar la batalla a la candidata de López Obrador? Esperemos. Ya no falta nada para descubrir de qué huipil salen más hilachas.

Twitter: @betotavira

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