¿Dónde estaba Peña Nieto mientras se casaba su hija?

En política nada se sabe hasta el día después. Este mantra, que escuché por primera vez en 1994 –luego del asesinato del que prácticamente ya era el presidente de México, Luis Donaldo Colosio Murrieta– ha extendido su sabiduría, sobre lo impredecible de la vida, hacia los eventos sociales de los herederos de los ex presidentes de México. 

Si alguien conoce de tácticas de guerra son los otrora Comandantes Supremos de las Fuerzas Armadas, por lo que no me extraña ni poquito que Enrique Peña Nieto haya evangelizado a su prole sobre el arte de la distracción, permitiendo así que Paulina Peña Pretelini y Fernando Tena Alonso hayan llegado el pasado sábado 10 de septiembre de 2022, sin conatos de boicot, para darse el “sí, acepto” por lo civil y por la Iglesia, frente a no más de 30 invitados, entre los que destacó la ausencia del expresidente Enrique Peña Nieto, como lo reportó el periódico Milenio y la revista Quién.

Una vez que supe que en breve pero emotiva ceremonia se había realizado la boda Tena-Peña, busqué a mis contactos quienes me habían informado semanas atrás sobre la cancelación hasta nuevo aviso del evento. “No sabemos nada, te lo juro”, me dijeron quienes de inicio habían sido invitados a España (exclusiva que publiqué en Política para guapos el 21 de abril) y más adelante informados que se posponía (consignado también aquí el 25 de agosto). 

Entre la marea de información recabada en el reporteo, con todas mis fuentes conocedoras del tema, hubo un dato inédito que derrumbó las teorías de la conspiración construidas el fin de semana de la boda. Una importante informanta de #MiCISEN lo escribió fuerte y claro: “Enrique Peña Nieto no estuvo en la boda de su hija porque está de vacaciones en Punta Cana, República Dominicana, con su más compacto grupo de amigos del Estado de México. Desde allá vio, a través de una plataforma de video segura, la boda de su hija en vivo”. 

¿De vacaciones? ¿En la primera boda de su primera hija? ¿Sin entregar a la novia en el altar con lo rústico y guadalupano que es? Yo no me como esta porque conozco a Enrique Peña Nieto. Como biógrafo del libro Las Mujeres de Peña Nieto (Editorial Océano, 2012) puedo decir que estamos frente a un maestro de la Mercadotecnia Política; frente a un ajedrecista profesional de la opinión pública; frente a un Rey, coronado recientemente, del algoritmo del Google y del YouTube. 

Peña Nieto ha sido entrenado por los mejores consultores de México y otros países para administrar, a cuenta gotas, la información de su vida privada y generar titulares incendiarios. En gran medida Peña actúa en “palabras clave” y en “etiquetas” utilizadas por los medios digitales para traer más tráfico a sus notas. Y LA NOTA que en esta ocasión él quiso dar es su ausencia. Por lo que puedo imaginar a un Enrique, desde Punta Cana, abriendo una botella de Petrus –de las que cuestan hasta seis dígitos en pesos mexicanos– mientras lee todos los encabezados donde se destaca que no estuvo en la boda de su hija.

Muchos dirán que Peña Nieto tuvo miedo de venir a México pero, sinceramente, veo más un asunto planificado que las piernas temblando del “Cachorro de Atlacomulco” (que por cierto no nació en Atlacomulco sino en la colonia Condesa del entonces Distrito Federal, pero esa es otra historia). A continuación elaboro: En México, el que un padre no entregue a su hija en el altar está en el terreno de lo trágico. Y el drama siempre estará por encima de la felicidad. Es decir, la desdicha del expresidente de México siempre conectará emocionalmente más fuerte que la dicha de su hija. Entonces Enrique Peña Nieto se convierte en víctima. Y el capital de esa victimización es absolutamente rentable.   

Si Enrique Peña Nieto desde que era gobernador del Estado de México, desde su noviazgo y luego su matrimonio con la actriz Angélica Rivera Hurtado fue capaz de contarnos durante casi una década “La telenovela que gobernó un país”, a la distancia de la Silla del Águila, ha tenido la oportunidad de perfeccionar su guion y, aunque no dudo del genuino y puro amor entre Paulina y Fernando, hemos sido invitados a un melodrama donde el sufrimiento de Enrique nos terminará convirtiendo en un museo de frases hechas donde el “¡Pobre Paulina!”, “¡Qué fuerte que no la pudo entregar su papá!”, “Pobrecito Peña, es la primera hija que se le casa y no pudo venir”, permeará en el imaginario colectivo mexicano que, cuando arropa un sentimiento, no lo suelta durante mucho tiempo.

Acá entre nos, siempre sospeché de la verdad histórica de la fecha “oficial” de la boda, la cual fue anunciada por la propia Paulina Peña Pretelini, a través de su cuenta de Instagram (@paaulinapepretelini), en la que le dijo al mundo entero, desde septiembre de 2021, que Fernando y ella habían elegido llegar frente al altar el 1º de octubre de 2022. ¿Fue ingenua Paulina al darle “el pitazo” a toda la prensa que cubre los temas de política tanto de Hard como de Soft News? ¿Verdaderamente creyó la mayor de los Peña que los más de 100 mil seguidores de su cuenta la quieren desaforadamente y que no hay resentidos de la cuatroté como espías? ¿Consultó con su padre Peña Nieto si era prudente darle un manjar a la bulimia de sus enemigos políticos?   

Si algo debió aprender Paulina como inquilina temporal de Los Pinos, resguardada permanentemente por el Estado Mayor Presidencial (EMP), es a no ser predecible con la finalidad de no vulnerar su seguridad y, por lo tanto, la de su padre, entonces Jefe del Ejecutivo. Yo sé que en su mundo de fantasía Paulina Peña decía que a ella no le afectaba de ninguna manera su carga genética con varios miembros de su dinastía en la política, pero ahora sabemos que fue una ocurrencia. Todo evento social de un expresidente de México y su descendencia es alimento para los espectadores de primera fila de la vida de los poderosos. 

Ya lo dije en mi podcast Dinastías del Poder, que se estrenó en su segunda temporada el pasado 07 de septiembre: “No hay herencia más poderosa (para bien y para mal) que un buen apellido”. 

¿Por qué los novios no esperaron a que terminara este sexenio para poder hacer su boda en México, con toda la gente que quieren, incluido Enrique? ¿Por qué no se casaron en España como lo tenían planeado originalmente (obvio cambiando la fecha y subiendo el nivel de seguridad)? ¿Qué puede haber más importante para el papá de la novia que entregar a su hija con el novio y, desde luego, firmar en el acta de matrimonio? 

Enrique Peña Nieto lo ha vuelto a hacer: todo México está hablando de sus asuntos del corazón. ¿Y su copete? sin despeinarse.

Twitter: @BetoTavira

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