Detrás de las dos novias bajaron dos parejas de novios. Y detrás de ellos vinieron otras dos y otras dos y otras dos hasta formar 14 hombres y 14 mujeres que ahí estaban, de pie, al interior de la Casa Miguel Alemán…

Ahí estaba. Sentada frente a un escritorio de maderas oscuras y finas sobre el cual se encontraba abierto el enorme libro del registro civil.

La novia, de riguroso vestido blanco y un velo finísimo que le cubría el rostro, apenas asomaba la sonrisa tenue que florece de la inocencia. Inclinada del torso hacia el frente, recargaba la mano derecha en la mesa mientras plasmaba la firma que le correspondía a su nombre: Hortencia Elías Calles Chacón.

No era cualquier desposada, era la hija de Plutarco Elías Calles que, en aquel 7 de agosto de 1922 que se celebró la boda, era el secretario de Gobernación.

El novio tampoco era cualquier hijo de vecino, era Fernando Torreblanca, secretario particular del entonces presidente de México Álvaro Obregón quien, por cierto, fue padrino de la primera boda civil de la que se tiene registro en el Rancho de “La Hormiga”, donde vivía Elías Calles con su familia.

Ciento un años después, el pasado 6 de agosto de 2023, hubo otra boda en el mismo lugar, pero con distinta gente.

En punto de las 13:19 horas descendieron por las imponentes escaleras un par de novias vestidas de riguroso blanco con un velo que les caía por detrás. Tomaban el ramo de flores naturales en la mano derecha y con la mano izquierda levantaban el largo del vestido.

Apenas asomaban la sonrisa, como Hortencia, con la diferencia de que a ellas se les desdibujó el tiempo que estuvieron privadas de su libertad.

Al mismo tiempo, desde el pie de la escalinata, se escuchaba un coro en vivo conformado por la Compañía Teatral de Personas Liberadas que interpretaban “Vive”, aquella canción que hiciera famosa Napoleón y que en una parte de su letra dice: “Trata de ser feliz con lo que tienes, vive la vida intensamente, luchando lo conseguirás”.

Detrás de las dos novias bajaron dos parejas de novios.

Y detrás de ellos vinieron otras dos y otras dos y otras dos hasta formar 14 hombres y 14 mujeres que ahí estaban, de pie, al interior de la Casa Miguel Alemán de la otrora Residencia Oficial de Los Pinos, sobre los mismos pisos de mármol por el que subieron y bajaron los hombres más poderosos de México.

No eran cualquier novio o cualquier novia, eran personas Preliberadas y Liberadas del Sistema de Justicia Penal de la Ciudad de México, salvo 2 hombres –de los 14 mencionados– que todavía están privados de su libertad y que contaron con un permiso especial de 2 horas para acudir a casarse.

Los asistentes y testigos tampoco fueron cualquier hijo de vecino. En la primera fila y al centro del evento –que tuvo ocho filas de once sillas cada una y, por lo menos, una veintena de medios de comunicación– estuvo Daniela Cordero Arenas, esposa de Martí Batres Guadarrama, jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Daniela Cordero, acompañada de sus dos hijos menores Farah y Martí Batres, estuvo flanqueada por el anfitrión, Arturo Morell, el director general del Instituto de Reinserción Social que, en la primera edición del Festival Iberoamericano de la Libertad, tuvo el tino de organizar las primeras bodas colectivas el mero 7 de agosto de 2022, es decir, exactamente hace 100 años del enlace de Hortencia Elías Calles, la primera boda en el terreno de Los Pinos que, hasta 1934, se llamó el Rancho de “La Hormiga”.

Volviendo a la concurrencia, como invitadas especiales estuvieron Nathalie Veronique Desplas Puel, secretaria de Turismo de la Ciudad de México; Hilda Téllez Lino, Tercera Visitadora General de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y su esposa Delia González, la afamada diseñadora de joyas quien regaló sus anillos personalizados a las novias.

Al igual que las antes mencionadas, en primera fila estuvo Salvador Guerrero Chiprés, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia de la CDMX, quien dicho sea de paso se ganó uno de los ramos de las novias cuando llegó el turno de este clásico ritual.

Cabe destacar que la madrina de los vestidos de las novias fue la diseñadora Jimena Senosiain, quien hizo el altruista trabajo de intervenir vestidos de novias que le fueron donados, con el fin de darles el toque auténtico y a la medida de cada nueva novia.

El pastel, de tres pisos, tenía al frente la leyenda: “Amar es libertad. Bodas colectivas. 2º Festival Iberoamericano de la Libertad” y fue colocado sobre una mesa, al frente de un cuadro del pintor y escultor mexicano Gilberto Aceves Navarro, en el otro costado había un cuadro del oaxaqueño Sergio Hernández, ambos pertenecientes a la colección de Los Pinos. 

Entre los testigos de las 14 parejas estuvieron la extraordinaria intérprete y compositora Vivir Quintana así como el actor Felipe Nájera quien estuvo acompañado de su esposo Jaime Morales, actual director General de Diversidad Sexual y Derechos Humanos en el gobierno local.

La directora del registro civil de la Ciudad de México, Crystel Arellano, fue quien les pronuncio la epístola de Melchor Ocampo a los contrayentes quienes, a solicitud de los invitados –entre ellos mi cuerpo latino, mi marido y yo–, se dieron el clásico beso tras ser declarados maridos y mujeres.

Ya lo dije en la primera entrega sobre las bodas en Los Pinos: Las bodas colectivas recientes en Los Pinos no serán las últimas que se han de realizar en ese lugar. Y lo celebro. Ahora es el turno de los que no cuentan con ADN político y no conocen el privilegio de la genética. Con los “sin alcurnia” también se escribe la Historia.

Twitter: @Betotavira

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