Política para guapos
Ya han salido del clóset. Las historias de amor entre los miembros de la clase política mexicana con actrices, cantantes e influencers han abandonado el armario desde hace tiempo y, en este nuevo estilo de vida, las parejas han dejado atrás la regla no escrita del siglo pasado de mantener en secreto ese “amor prohibido” que ahora, incluso, en algunos casos se ha convertido en una poderosa estrategia de publicidad para atraer votos en época electoral.
“Ya no es como antes” dirían al unísono nuestras abuelitas y en esta, como en muchas otras cosas, tienen razón. Sin embargo, para que a los guapos asiduos semanales de Política para guapos les quede claro el “antes” y el “después” voy a dividir en 4 Etapas estos romances de políticos con actrices con el fin de comprender cómo pasaron del anonimato al exhibicionismo, del objeto de placer al sujeto de las encuestas y del pecado al capital erótico.
Primera etapa: la negación y el silencio
Los registros que se tienen después del México Moderno arrojan que las primeras relaciones sentimentales entre políticos y actrices habrían sucedido en la primera mitad del siglo XX. Es muy probable que la historia primigenia de la que se comenzó a escribir y a rumorear fuera la del supuesto amorío entre la diva del cine mexicano María Félix con el que fuera presidente de México de 1946 a 1952 Miguel Alemán Valdés.
En las pocas entrevistas que “La Doña” dio muchos años después para la televisión, así como para sus biografías, la actriz lo negó rotundamente. Pero el imaginario colectivo de antes, como el TikTok de hora ‘hizo lo suyo’ y los asoció más allá de una amistad, con un eco que se escucha hasta nuestros días. Lo mismo le sucedió a la actriz Ana Bertha Lepe quien, sin pruebas fehacientes, ha sido vinculada sentimentalmente con el Jefe del Ejecutivo de 1958 a 1964, Adolfo López Mateos. Ellos eran hombres casados y los máximos representantes del Estado Mexicano, quizás por eso la negación y el silencio sepulcral.
Segunda etapa: la extinción del secreto
Para la segunda mitad del siglo XX las formas cambiaron. Se comenzó una suerte de liberación, pero sin hacer alarde. En la década de los años 70 el político priista Javier García Paniagua comenzó una relación con la actriz María Sorté. Ambos, con el tiempo, tuvieron dos hijos: Adrián y Omar García Harfuch, actual Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México y de los que suenan para suceder a Claudia Sheinbaum en el 2024.
Javier García Paniagua, por cierto hijo del general Marcelino García Barragán, y María Sorté mantuvieron en secreto su relación. Estuvieron juntos durante 22 años hasta el fallecimiento del ex Secretario de la Reforma Agraria en 1999. A partir de entonces la prensa ha consignado, a cuenta gotas, su relación. Ha sido la propia Sorté, en los años recientes, quien ha ampliado los detalles de su historia de amor.
En esta Segunda Etapa también se ubica Silvia Pinal, quien ya siendo Silvia Pinal, se convirtió en la primera dama de Tlaxcala luego de casarse por lo civil en 1982 con el gobernador en funciones Tulio Hernández Gómez. Si mis registros no me fallan esta sería la primera boda entre un político mexicano y una actriz mexicana. Estuvieron 14 años casados y se divorciaron en 1996. Luego de que nuestra “Chivis” probara las mieles del poder, hizo su arribo a la política como protagonista: fue diputada federal, diputada local y senadora.
Tercera etapa: si lo sabe Dios
Con la llegada del nuevo milenio se vino una fiebre de amor entre la política y el espectáculo. En las primeras dos décadas del siglo XXI los hombres no sólo dejaron de ocultar o de negar a sus parejas sino que, incluso, las llevaron frente a los ojos de Dios vestidas de blanco, con amplias coberturas mediáticas. Hubo epidemia de bodas y, es en esta etapa, en donde vale la pena detenerse un momento en las fechas del noviazgo/matrimonio pues, en los tiempos previos a una candidatura o durante una campaña electoral, estos enlaces en la mayoría de los casos responden a una maniobra. El que diga que la elección de pareja de un político en campaña no es también un asunto de estrategia, está mintiendo.
Y aquí vayamos por partes: En 2006, luego de las elecciones donde se votó para Presidente de la República y Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, el entonces perredista Marcelo Ebrard se casó con la actriz Mariagna Prats. Sí, la boda fue después de la contienda, pero el noviazgo jugo un papel importante para la victoria de Ebrard, no perdamos de vista que dieron diversas entrevistas sobre su historia de amor, a revistas del corazón como CARAS, que los publicó en su portada en el ejemplar previo al 2 de julio.
Cuatro años después, en 2010, el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, repitió la fórmula al casarse por la Iglesia –por cierto, en la catedral donde descansan los restos de su ex esposa Mónica Pretelini– con la actriz de Televisa Angélica Rivera. Una boda que dio mucho material todos los meses previos a la elección Presidencial de 2012.
Luego vendría el noviazgo de la ex integrante del grupo RBD Anahí y Manuel Velasco Coello, quien entonces aspiraba a la gubernatura de Chiapas por el Partido Verde Ecologista de México. En el cierre de campaña estuvo la cantante con más seguidores en Twitter en ese momento (y que usó a favor de su novio) y le levantó la mano al candidato. Lo demás ya se sabe: la victoria. Y luego la recompensa: la boda.
Cuarta etapa: en el nombre del algoritmo
Lo de hoy son las redes sociales. Eso lo sabemos nosotros y los adictos al poder, así que ya no es suficiente y tampoco está de moda solo guiñarle el ojo a la que “sale en la tele”. Estamos en el comienzo de una nueva etapa en la que la política besa al algoritmo. En el momento en el que las influencers jugarán el papel de “Coordinadoras de campaña” y, si todo sale bien, en que se conviertan en “Primeras Damas”.
El gobernador de Nuevo León Samuel García y su esposa Mariana Rodríguez Cantú saben muy bien de eso.
Son la prueba fehaciente de “cómo crear un gobernador a base de likes”, como los tituló el diario El País.
Ya lo dije desde el principio: el desclosetamiento de esos amoríos no es nuevo. Tampoco deja de fruncirme el ceño, sobre todo por los tiempos en que se hace público. El factor “elección” es muy importante para medir qué tan real es la historia de amor. ¿Por qué suman a sus novias a sus campañas electorales si ellas lo que menos necesitan es fama? Y lo más importante ¿Qué ganan ellas cuando ellos pierden?
Yo todavía creo en el amor, pero no puedo pecar de inocente. En la política hasta los asuntos del corazón están medidos por encuestas y asesorados por mecadólogos, politólogos y futurólogos. Nada puede fallar. Un paso en falso y la candidatura se acaba… no me tomen como un escéptico recalcitrante, pero los finales felices que nos quieren vender en estas historias amor no dejan de ser solo una fantasía.
Twitter: @betotavira






