Esta película ya la hemos visto. Que un político mexicano se case previo a una contienda electoral ha tenido varias secuelas en nuestro país. En el siglo pasado y en los tiempos modernos; en la salud y en la enfermedad; en el PRI y en el PRD; en la riqueza y en la pobreza; en la elección Presidencial y en la elección estatal; en lo falso y en lo cierto, con el corazón abierto… ay, no, disculpen, aquí ya me distraje con mi educador emocional llamado Miguel Bosé.
Bueno, les decía que no hay nada nuevo en esos arribos de los políticos frente al altar que, al realizar sus bodas en la antesala de una elección, pareciera que la novia llega vestida de blanco cargando la urna de los votos en lugar del ramo de flores. Ya lo vimos en 2010, cuando el entonces gobernador del Estado de México, el priista Enrique Peña Nieto, se casó por la iglesia y por lo civil con la actriz de Televisa Angélica Rivera Hurtado, en una boda que dio mucho material todos los meses previos a la elección Presidencial de 2012.
Pero antes de Quique y Angie, en el sexenio anterior a ése, es decir en 2006, ya habían hecho lo suyo –toda proporción guardada– el candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, el entonces perredista Marcelo Ebrard Casaubon, quien también llegó frente al juez del Registro Civil con la actriz Mariagna Prats. Sí, la boda fue pocos días después de la elección, pero el anuncio de la boda jugó un papel importante para el posicionamiento de marca de Ebrard. No perdamos de vista que dieron entrevistas sobre su historia de amor a distintos medios como la revista CARAS de Grupo Televisa, que los publicó en su portada en el ejemplar previo al 2 de julio y, con ello, generó un efecto multiplicador en otros medios de comunicación en plena jornada electoral. ¿Será que en realidad la Doctora Shein se está inspirando en Chelito?
Para el público Millennial tenemos la historia de la ex integrante del grupo RBD Anahí y Manuel Velasco Coello, quien en 2012 era candidato a la gubernatura de Chiapas por el Partido Verde Ecologista de México. En el cierre de campaña, la cantante con más seguidores en Twitter en ese momento (y que usó a favor de su novio), levantó la mano a “su güero” y lo demás ya se sabe: la victoria. Y luego la recompensa: la boda en 2015.
Para el público Centennial está el caso de la influencer en Instagram Mariana Rodríguez Cantú quien se hizo novia del político Samuel García Sepúlveda y ¿cuándo creen que se casaron? Pues sí, el 27 de marzo de 2020, prácticamente un año antes de la elección de 2021 para gobernador de Nuevo León, donde Samuel García resultó vencedor.
Insisto. No hay nada nuevo en que suenen las campanas nupciales previo a que se impriman las boletas electorales. Hasta en eso resultaron iguales a sus antecesores los feligreses de la Cuarta Transformación. Claudia Sheinbaum Pardo, quien este año cumplió 60 años de edad, en tanto experta en Física por la UNAM, está recurriendo a una fórmula comprobada en donde se genera mayor empatía con los electores a través de las emociones.
Lo que verdaderamente conecta con los votantes son los asuntos del corazón muy por encima de los asuntos de la razón. Ya lo escribí en mi primera entrega de Política para guapos “a Claudia le quedó claro que tener un compañero sentimental, desde la posición que ella ocupa, es un tema de interés público que permea hacia el electorado, sobre todo con el público femenino que representa la mayoría en la lista nominal del Instituto Nacional Electoral (INE)”.
Lo que Claudia Sheinbaum dijo (el pasado 23 de noviembre), donde lo dijo (el programa de radio con mayor audiencia nacional en ese horario) y a quien se lo dijo (la reina de la radio: Martha Debayle) está más calculado que cualquier ejercicio del libro de Álgebra de Baldor. Con sólo cuatro palabras “Nos vamos a casar”, la aspirante a candidata presidencial por Morena para la elección de 2024 esparció la suficiente pólvora para una bomba que tendrá impacto en todo lo largo y ancho del país. No perdamos de vista que lo hizo frente a la comunicadora con más influencia entre su público, en un programa donde una de sus mayores franquicias es “Cásate con Martha Debayle”, un concurso donde diversos patrocinadores le pagan la boda a la pareja ganadora. El nicho estaba cautivo, pues.
Claudia maniobró un golpe que tendrá una resonancia mediática difícil de eclipsar. Encontró la dosis perfecta para capitalizar el amor con el fin de alcanzar el máximo poder. Pero lo irá dosificando. Soltar toda la sopa de inicio es de principiantes. Por lo tanto, la Jefa de Gobierno no dijo ni cuándo ni cómo ni dónde se casará con su novio de hace seis años, Jesús María Tarriba Unger, analista de riesgos para el Banco de México y quien fue su novio cuando ambos estudiaban en la UNAM.
Recordemos que la propia doctora Sheinbaum le dio la primicia a Nacho Lozano, en julio de 2019, durante el programa de televisión “De pisa y corre” que conducía el periodista en Imagen Televisión. “¿Qué es lo más loco que has hecho por amor?” –preguntó el entrevistador–. «Yo me separé hace tres años, y tengo un novio, y mi novio es mi novio de la Facultad, y nos encontramos por Facebook. En la Facultad fuimos novios, tronamos y 32 años después nos reencontramos, y estoy contenta”, –reveló Sheinbaum entre risas y sonrisas que no se le conocían de manera genuina. Ahora, en 2022, le dijo a Debayle que ya viven juntos.
Claudia Sheinbaum o sus consultores políticos (esos carísimos que se trajeron de Europa) han recurrido a la vieja estrategia que consignó Robert Greene en su libro El arte de la seducción, donde señala los beneficios de “Aparentar ser un objeto de deseo, formando triángulos” para mostrar interés. El autor asegura que ver a la gente sola no es atractivo. “Pocos se sienten atraídos por una persona que evitan o relegan”; las personas voltean a ver a aquellos que están acompañados y, por lo tanto, les genera interés.
El escritor recomienda generar un aura de atención permanente acompañándose de otra persona. Y Claudia lo ha logrado. La boda de Sheinbaum y Tarriba nos provocará hacernos preguntas que antes no nos haríamos, a especular, a criticar, a celebrar, a chismorrear, a realizar coberturas que asfaltarán el camino para posicionar su nombre y su imagen. Todo en el nombre del amor.
Podremos simpatizar o no con la Sheinbaum. Podremos estar o no de acuerdo con su campaña anticipada mientras sigue siendo la gobernadora de la Ciudad de México. Podremos o no ser feligreses de Morena, pero lo que Claudia hizo frente al micrófono fue una maniobra que en el arte de la guerra se celebra. Y frente a eso poco podrán dar batalla sus contrincantes.






