Claudia Sheinbaum: el guiño frustrado a la Comunidad LGBTIQ+

Desde 1995 mi cuerpo latino y yo acudimos religiosamente a la Marcha del Orgullo que se celebra cada junio en la Ciudad de México. Ese año fue mi primera vez. Estaba como Jefe del Departamento del Distrito Federal el priista Óscar Espinosa Villarreal y, gracias a mi cartilla militar –porque todavía no tenía credencial del IFE–, se podía comprobar no sólo que yo era mayor de edad sino que estaba a pocos días de cumplir los 19. Lo que vi en aquella marcha, dentro de mi inocencia, era lo más cercano al Paraíso. 27 años después, lo que vi en la pasada marcha de 2022, dentro de mi experiencia, ha sido lo más cercano al Infierno.

Caos. Tumultos. Robos. Desmayados. Niños llorando y una persona atropellada. Esto es lo que viví en el rango de lo malo, a lo largo de la edición 44 de la Marcha del Orgullo LGBTIQ+, acompañado de tres testigos de honor: mi esposo Brando Alcauter, mi colega y amiga Mónica Garza y su vecina Perla Ruiz de quien temo que haya sido su debut y despedida. No me pregunten el minuto exacto donde todo se salió de control, pero lo que recuerdo es que alrededor de las 12:00 horas, con el inclemente sol sobre nosotros, ya llevábamos una hora amontonados e inamovibles, parados sobre el asfalto de uno de los carriles centrales del Paseo de la Reforma, sin la posibilidad de flexionar tan solo una rodilla. 

No comprendíamos el retraso. Todo el mundo sabía que la salida de los contingentes estaba programada a las 12:00. Pasaditas de las 12:00, si quieren, por aquello de que no somos ingleses. Por lo tanto los líderes de los contingentes agruparon a su gente, antes de la hora establecida (algunos desde las 10:30AM), con el fin de salir organizados rumbo al Zócalo apenas se diera el banderazo de salida. Este año Mónica Garza –una aliada imprescindible de la Comunidad–, nos invitó al contingente de Yaaj, una organización encargada de promover, proteger y garantizar los Derechos Humanos de la población LGBTIQ+ en México. Y desde ahí lo dimos todo… hasta que se escuchó la voz de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. 

Y se hizo el caos. Dado el nivel de abucheos y enojo de la gente a mi alrededor que no pertenecía a Yaaj, presentí que mi activismo se estaba poniendo en riesgo por lo que junto con Perla y Brando decidí salir, a empujones, desde donde se ubicaba el contingente, pasando por decenas de personas, hasta encontrar la respiración en la diagonal de Reforma. Me he metido en peores caldos, créanme. No me asusta. Pero aquello tenía un tufo raro: políticos en campaña por la Presidencia y multitudes sin control siempre es una mezcla que huele a peligro.  

¿Pero qué fue lo que sucedió? ¿Quién invitó a Claudia Sheinbaum? ¿Quiénes provocaron que la suspirante Presidencial hiciera un guiño frustrado a la Comunidad LGBTIQ+? 

Para encontrar la respuesta he tenido que hablar con más de diez personas que estuvieron como invitados junto a la Jefa de Gobierno, en las escaleras del Monumento a la Independencia donde se dio el accidentado banderazo de salida, para tener testimonios de primera mano. La conclusión: “Claudia se equivocó”. Pero no se equivocó en asistir, eso, desde mi punto de vista, está en el rango de lo bueno, porque visibiliza a una Comunidad de un país como México que hoy ocupa el segundo lugar de crímenes de odio por homofobia en toda América Latina. Claudia se equivocó en confiar en esos miembros de su equipo que le dijeron cómo tenía que ir. La forma aplastó el fondo.

Y a continuación lo explicaré en lenguaje para guapos: Si te invitan a una cena en una casa, no puedes llegar tarde, no debes dejar de saludar a todos los que llegaron antes que tú, no puedes querer imponer tus condiciones y, finalmente, habla muy bien que te retires cuando los anfitriones ya están cansados. Si nos apegamos al Manual de Carreño hay que llevar un regalo para los que te invitaron. Si nos apegamos al ajedrez del poder hay que dar “algo” antes de pretender recibir. Así de simple. 

Claudia se equivocó porque delegó en su equipo de Gobierno la negociación de su asistencia. Desde hace algunos meses atrás los tres comités organizadores de la Marcha: InclúyeT, Orgullo y Dignidad, y Gay Pride –los dos últimos creados este mismo año– pidieron que la Jefa de Gobierno acudiera al estrado para escuchar las denuncias de las mujeres de la diversidad –a quienes no ha querido recibir personalmente en su oficina–, y a las que se les dedicaría esta edición; la gente de Claudia pidió que sólo su Jefa hablara en “El Ángel” y el resto nomás apareciera en la foto. 

Claudia se equivocó porque llegó tarde a una Marcha donde era una más de las invitadas. La propia doctora ya salió a aclarar que a ella le dijeron que llegara a las 12:30 (Cuando todos ya estábamos en posición de salida desde mucho antes de las 12:00). El que le dio ese horario a Sheinbaum pensó que con ello “ganaba tiempo” para que las mujeres de la diversidad emitieran su comunicado (Emmayesica Duvali, de Orgullo y Dignidad, y Natalia Lane, de InclúyeT) y luego Claudia ya nomás llegara a dar el banderazo de salida. Grave error del estratega. Esos 30 minutos fueron cruciales para marcar la diferencia entre haberse ido con  aplausos o con rechiflas.   

Claudia se equivocó porque confió en un equipo que tuvo que haber creado escenarios de manera previa y con capacidad de improvisar en el momento preciso. Sus asesores políticos, el encargado de su agenda y el responsable de la logística la hicieron caminar por un campo minado que le fue explotando minuto a minuto desde su llegada hasta su salida. La Jefa de Gobierno no se merecía ese trato, eso es cierto, pero la Marcha del Orgullo tampoco se merecía ese caos, por decirlo bonito. 

Una de las personas que aparecen en la foto en las escalinatas, cerca de Claudia, y que me solicitó el anonimato en entrevista para esta columna, señaló: “No podemos exponer a nuestros representantes. La Marcha del Orgullo no es un evento para ellos. Es para la Comunidad (LGBTIQ+). Al no ser ‘su’ evento, no lo pueden controlar. Y esa falta de control es muy arriesgado para ellos, pero sobre todo, para los asistentes”.

En su breve intervención la gobernadora de los capitalinos dijo frente a una glorieta atestada de gente: “Es una marcha de la sociedad. Sólo estamos aquí para decir que es una ciudad de derechos y que están bienvenidas, bienvenidos y bienvenides todos en esta gran ciudad de derechos”. Eso suena muy bonito, casi como poesía, pero lo dijo cuando estaba a punto de pronunciar su discurso la activista Natalia Lane, a quien le cortaron su micrófono para que Claudia pudiera hablar desde un segundo micrófono.

Claudia se equivocó en creerse que iba a dar el banderazo de salida invicta, sin haberse comprometido desde antes en cumplir las demandas de las oradoras. Pero se la chamaquearon, antes de su participación, hacia las 12:10 aproximadamente, el primer contingente de la Marcha encabezado por Familias de la Diversidad, Infancias Trans y la comunidad diplomática acreditada en México (con las embajadas de Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Noruega, Nueva Zelanda, Quebec y Reino Unido, entre otras) comenzaron su recorrido sin enterarse lo que pasó en “El Ángel”. En la zona euro y de dólar sí saben que las 12:00 son las doce cero cero.

Claudia también se equivocó al hacerle caso a su equipo de mercadotecnia política que ponderó la foto por encima de la causa de la Comunidad. Lo que pudo convertirse en el evento que la consignara como la primera Jefa de Gobierno que da el banderazo de salida del orgullo LGBTIQ+ quedó eclipsado por el caos que pudo desembocar en una tragedia. 

Los que apresuraron a que saliera la Marcha y que ahora son criticados en redes sociales por “dinamitar” el evento, hicieron lo que pudieron con lo que tuvieron. En este país nos tiene que quedar claro que la justicia siempre debe de estar en un rango superior a los modales refinados.   

Twitter: @betotavira

Más noticias interesantes

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *