Basta con ver los eventos de Clara Brugada en campaña para comprobar que la mayoría son en colonias populares. Los eventos con la clase media son prácticamente nulos, incluso, tan sólo en su cuenta de Instagram hay más con representantes de la cúspide de la pirámide social –como Cámaras, Asociaciones y Consejos– que con la bendita clase media
La consigna fue muy concreta: “Debemos llegarle con todo a la clase media”. Los aliados de Clara Brugada Molina que habían respondido al cónclave junto con ella, en un departamento de Polanco, la noche del 3 de octubre de 2023, lo tenían absolutamente claro: el público de López Obrador ya estaba cautivo, había que ir a conquistar el poniente de la ciudad.
No sólo había feligreses de Clara Brugada en esa reunión. También asistimos periodistas apartidistas que fuimos convocados por las anfitrionas de la casa para conocer a la tres veces alcaldesa de Iztapalapa que, en ese entonces, estaba a punto de entrar a la encuesta de Morena para elegir candidato a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
La crónica de aquella noche, incluido lo que comimos y bebimos, la narré en primera persona en mi entrega “La noche que conocí a Clara Brugada”, en esta columna de Política para guapos.
Tres doritos después… o mejor dicho, tres debates chilangos después, me quedó claro que aquella intención de guiño a la clase media se quedó apenas en un intento de intención.
Pero vayamos por partes, como dijo Jack “El Destripador”. Primero que todo ¿qué es la clase media? Como los guapos comprendemos mejor todo cuando nos hablan de dinero, lo explicaré con mi cartera Carolina Herrera en la mano.
Según el INEGI, a través de su investigación titulada “Cuantificando la Clase Media en México: Un Ejercicio Exploratorio”, para ser considerado parte de la clase media en México, es necesario tener un ingreso promedio mensual de 22,927 pesos. Esa cifra contrasta con los 77,975 pesos mensuales que caracterizan a la clase alta, y los 11,343 pesos mensuales que definen a la clase baja.
Ahora bien, el mismo INEGI revela que el 42.2% de los hogares en México se ubican en la clase media, mientras que el 56.6% pertenece a la clase baja y solo el 1.2% alcanza la clasificación de clase alta. Este cálculo es a nivel nacional, pero nos permite tomar, con precaución, el pulso de la clase media en la Ciudad de México.
Por lo tanto, no estaban perdidos los consejeros de Clara Brugada, por cierto, todos de clase media y alta (lo digo porque los conozco). Los clasemedieros son poco menos de la mitad de los habitantes del país y puede ser un reflejo en la capital.
Sin embargo, una vez que Clara fue ungida como candidata de la coalición formada por Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo volvió a su esencia: primero los pobres, después los pobres y al último los pobres.
Basta con ver los eventos de Clara Brugada en campaña para comprobar que la mayoría son en colonias populares. Los eventos con la clase media son prácticamente nulos, incluso, tan sólo en su cuenta de Instagram hay más con representantes de la cúspide de la pirámide social –como Cámaras, Asociaciones y Consejos– que con la bendita clase media.
En mi opinión el tiro de gracia se lo dio en el tercer debate chilango del 12 de mayo. En los últimos dos minutos para el cierre de la intervención de los candidatos Clara Brugada sintetizó la esencia de su campaña y de su posible gobierno y, con eso, dejó ir la última oportunidad que tenía para, quizás, atraer el voto de esos clasemedieros que no pueden ni con Santiago Taboaba ni con Salomón Chertorivski.
Los que conocen de análisis del discurso saben que lo último dicho será lo de mayor recordación, y Brugada dijo:
“Sal y vota con alegría, vota con amor a la Ciudad de México. Sal y vota por la honestidad, por la transformación y la prosperidad”.
El tema de la honestidad tuvo sus raspones en esta campaña. ¿Podemos hablar de transformación de una candidata que pertenece a la coalición SIGAMOS Haciendo Historia? Y la Prosperidad ¿para quién?
“Vota por los programas sociales que apoyarán a la primera infancia, a los estudiantes universitarios y a los adultos mayores”.
A decir del INEGI el 31.5% de la clase media en México tienen a sus hijos en escuelas privadas, es inviable que este programa le beneficie al porcentaje que corresponde a la ciudad. Probablemente el de adultos mayores sí permee.
“Vota para hacer efectivo el primer sistema público de cuidados que hará justicia a las mujeres”.
Esto me interesa mucho, por lo que voy a profundizar antes de opinar.
“Vota para que podamos construir las 100 utopías y tengas una cerca de tu casa”.
Dudo que esto sea del agrado de la clase media que, en su mayoría, es pretenciosa y con aspiraciones de pertenecer a los círculos más altos, no a las utopías de Iztapalapa.
“Vota para que haya más agua, más seguridad”
Esto sí es necesario para la clase media (y para todo México), pero lo mismo ofrece Chertorivski y Taboada.
“El único voto útil es el de la transformación”
¿Pero cuál transformación, chiquis? Seamos serios.
“Haz historia y vota por dos mujeres transformadoras que vamos a continuar el legado de Andrés Manuel López Obrador”
¿Por fin? ¿Son transformadoras o son repetidoras? El género bienvenido, pero si no se traduce en la cartera y en los servicios de las colonias de la clase media, les da igual.
“Y lo digo con mucho orgullo: es un honor estar luchando con Obrador”.
No hay frase que les provoque más alergia a la clase media que la de “Es un honor estar con Obrador”. Les hace sacar espuma de la boca. Considero que con este cierre ha muerto toda esperanza por conquistar a la clase media.
¿Qué pasó del 3 de octubre de 2023 al 12 de mayo de 2024 para dejar ir a la apetitosa Middle class? ¿Hizo algo Brugada para los clasemedieros que yo me esté perdiendo? De no ser así,
¿Cómo pasó Clara Brugada del “Debemos llegarle con todo a la clase media” a “es un honor estar con Obrador”?
Clara Brugada no debe olvidar que su candidatura responde a una imposición del presidente López Obrador; que la encuesta de Morena lejos de hacerle un favor la dejó como una perdedora frente a su contrincante Omar García Harfuch quien, sin trayectoria y sin colmillo político, sí era atractivo para la clase media.
La candidata de izquierda ha subestimado el poder de organización de la clase media que, al día de hoy, a través de los chats de WhatsApp de las mamás de los colegios, de los chats de los que asisten a los clubes, de los chats de los estudiantes de universidades privadas se están organizando para no darle ni un voto (ni ellos ni sus parientes ni sus empleados ni sus tres próximas generaciones) a una Clara Brugada que no los representa.
No hay nada que ponga de más mal humor a la clase media que ver que se adelgace su cartera, pues eso vulnera los usos y costumbres de sus estatus. Y ahí sí son más rencorosos que cualquier villana de Telenovela del Canal de las Estrellas, o como dice la canción, “antes muerta que sencilla”.
*@betotavira






