El presidente López Obrador debería de estar avergonzado de lo que provocan los ataques permanentes a los que no piensan como él, pero como sabemos que la autocrítica no es su fuerte, las víctimas deben dejar registros en periódicos, libros, reportajes, documentales y un largo etcétera
Yo confieso que acabé indignado. Luego de escuchar que durante el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador hubo un incremento del 62% en las agresiones contra periodistas, con respecto a la administración de Enrique Peña Nieto, fue inevitable el manotazo en la mesa ¿Qué no prometió este gobierno ser el paladín de los derechos humanos? En la presentación de “Derechos pendientes.
Informe sexenal sobre libertad de expresión e información en México” Leopoldo Maldonado, director de la organización Artículo 19 para México y Centroamérica, informó que del 1º de diciembre de 2018 hasta el 31 de marzo de 2024 se han registrado 3, 408 agresiones contra periodistas, 46 de ellas son asesinatos, 4 desapariciones y además 34 intentos de asesinato.
De todas hay un 89% de impunidad. La numeralia es escandalosa para cualquier democracia.
Las historias de las víctimas son todas desgarradoras y van desde los colegas de medios locales en estados como Chiapas hasta el conductor del noticiero de radio y de televisión con horario estelar a nivel nacional Ciro Gómez Leyva.
Lo peor de todo es que la mayoría de estas agresiones han sido perpetradas directa e indirectamente desde el Gobierno de México y el presidente López Obrador ha incentivado estos ataques.
A decir del informe de Artículo 19 en esta administración se han hecho “224 discursos estigmatizantes por medios de comunicación oficiales y ha habido 179 agresiones en ‘Las Mañaneras’ aunado a las 248 campañas de desprestigio contra la prensa”.
El presidente López Obrador debería de estar avergonzado de lo que provocan los ataques permanentes a los que no piensan como él, pero como sabemos que la autocrítica no es su fuerte, las víctimas deben dejar registros en periódicos, libros, reportajes, documentales y un largo etcétera de que el Lopezobradoriato ha sido el peor sexenio para la libertad de prensa de los que no pertenecen a su ecosistema.
Los feligreses de la Cuatroté dirán que ha habido casos de buena voluntad dignos de reconocer, como por ejemplo la Disculpa Pública que le ofreció el Estado mexicano a la periodista y activista Lydia Cacho en enero de 2019 pero, seamos honestos, la vigencia del compromiso real del gobierno con las víctimas se esfumó antes de la mitad del sexenio.
Y vaya que conozco ese episodio de cerca, pues no es un secreto para nadie mi amistad con Lydia Cacho.
Incluso, ese día histórico, acompañé a Lydia a la Secretaría de Gobernación a los discursos, los aplausos y las fotos; al poco tiempo la ayudé a empacar la ropa que había dejado en mi casa porque tenía que salir de México, para proteger su vida, tras el atentado que sufrió en su casa de Quintana Roo.
Las historias de los ataques contra los periodistas no me son lejanas.
Es el gremio al que pertenezco y en el que he construido relaciones laborales y personales desde hace más de dos décadas.
Por eso me indigna. Por eso me duele. Por eso me solidarizo.
Y también por eso considero necesario que la próxima presidenta de México, Claudia Sheinbaum, conozca este informe de Artículo 19, este documento en el que se demuestra que en México hay una agresión a periodistas cada 14 horas.
Tengo la esperanza de que la continuidad de la que habla Claudia Sheinbaum no incluya la violación sistemática a los derechos humanos que sí hizo el gobierno de López Obrador, tanto en la prensa como en otros los terrenos.
Será un reto para la presidenta Sheinbaum, sin duda, pero valdrá la pena para poder hacer un corte de caja al final de su mandato presumiendo la baja de estas cifras indignantes y el alza de la bandera de la prensa libre e independiente.
*@betotavira






