El hijo de la actriz María Sorté, mejor conocido como Omar García Harfuch, ha dicho hasta el cansancio que él no va para candidato. Que su compromiso está en su cargo actual y bla bla bla con sus mensajes clave.
La sucesión presidencial no es la única batalla que ha comenzado en el terreno electoral. El río también anda revuelto con los personajes que se les antoja sentarse en la grande… de la Ciudad de México: que si “El Batman” de Omar García Harfuch, que si “El Bombero” de Adrián Rubalcava, que si “El pelogüero” de Santiago Taboada, que si “La Pueblo Mágico” de Clara Brugada.
Tanto por sus nombres de pila como por los apodos –antes citados– con los que se refieren a ellos en los mercados públicos, los mencionados son los que más posibilidades reales tienen de entrar a una guerra por la jefatura del gobierno de la Ciudad de México.
Y es que luego del reacomodo de los otros suspirantes (Xóchitl Gálvez se fue a las grandes ligas para competir por la presidencia, Martí Batres, muy a su pesar, fue bajoneado por el presidente López Obrador para cerrar la administración de Claudia Sheinbaum y con eso ya no podrá competir; y Rosa Icela Rodríguez hizo público que ella se queda dónde está) así quedó el mapa rumbo a la sucesión de la CDMX.
El hijo de la actriz María Sorté, mejor conocido como Omar García Harfuch, ha dicho hasta el cansancio que él no va para candidato. Que su compromiso está en su cargo actual y bla bla bla con sus mensajes clave. A lo mucho ha filtrado que si #EsClaudia pasa del Hashtag al Palacio Nacional, entonces a él le gustaría ocupar la silla de la Secretaría de Seguridad Ciudadana federal.
Pero los guapos sabemos que en política una cosa es lo que se dice y otra la que se opera en el bajo perfil. Desde hace casi dos años a Omar casualmente le surgieron un hervidero de clubes de fans en Facebook, Instagram y TikTok donde día con día se exalta su guapura y sus logros. Sólo lo positivo, pues. Si esto no es una campaña para posicionar su nombre y su imagen entonces este país tiene una sobredosis de adictas al fetiche de los uniformes de policías.
No pequemos de ingenuos. Omar-Bombón-García es el as bajo la manga de un Presidente que no sabe perder. Si los gallos o gallinas de Morena no levantan el evento en la Cedeemeequis, siempre estará ese Lindo Gatito con cara de ángel y cuerpo de demonio para dar la batalla en las urnas.
El licenciado Andrés Manuel es un hombre que ha construido sus lealtades a lo largo de décadas. Omar no ha acumulado las millas suficientes, por lo que López Obrador no lo conoce a fondo, no sabe qué tanto confiar en él. Pero eso se vuelve lo de menos, cuando lo de más es garantizar la caja chica… perdón, quise decir, garantizar el triunfo de la Cuarta Transformación en la Ciudad de México.
En el mismo tenor de los feligreses de “El Evangelio según los Uniformes” también se encuentra el alcalde de Cuajimalpa Adrián Rubalcava Suárez, a quien lo mismo hemos visto vestido de Marine gringo que de policía perreando “quiere que le pongan música pa’que baile hasta abajo la bebé” o con uniforme de bombero, cuando presumió la nueva estación de Bomberos de Cuajimalpa.
Bueno, el incasable ojiazul, tras cuatro veces de ser alcalde en el mismo lugar y de la misma gente, ya lleva un par de meses diciendo con todas sus letras: “sí quiero ser candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de México”. El mismo presidente Nacional de su partido, el PRI, Alejandro Moreno, ya le dio la bendición a Adrián quesque resaltando “su futuro”. Aquí abro un paréntesis porque tratándose de “MAlito” no sabemos si esa bendición en realidad sea maldición Oops!…I Did It Again.
La bronca de Rubalcava es que en ese Ménage à Trois que han conformado el PRI-PAN-PRD hay otro rival a vencer: el otro ojiazul, Santiago Taboada Cortina, actual alcalde de Benito Juárez y miembro del Partido Acción Nacional. Dos güeritos, un camino. El primero, Adrián, ya liberado de las investigaciones que se le hicieron por supuesto enriquecimiento ilícito; el segundo, Santiago, en el ojo del huracán al ser señalado por la Fiscalía de la Ciudad de México de supuestos vínculos con el esquema de corrupción llamado “cártel inmobiliario”. En esos dos va a estar el verdadero tiro de la alianza “Va por México”. Y por lo tanto la ruptura.
En otro orden de ideas, a la morenista Clara Brugada Molina, hasta ahora alcaldesa de Iztapalapa, la demarcación con más habitantes en la Ciudad de México, la vemos muy confiada por el respaldo de la marca López Obrador y Sheinbaum. Pareciera que no mueve un solo dedo para que la conozcan fuera de su hábitat. Los guapos la percibimos como si estuviera confiada a que con la lista nominal de habitantes de Iztapalapa le alcanzara para ganar la elección en una ciudad exactamente dividida a la mitad entre morenofílicos y morenofóbicos.
Si como dice #MiCISEN (Comadres que Investigan Sobre la Élite Nacional) el show de “Las Corcholatas” ya tiene sus acuerdos y a Monreal le toca ser el candidato de Morena para la gubernatura de la Ciudad de México, esa podría ser la razón por la que doña Clara Brugada no está arrugando sus huipiles en lo que viene siendo el trabajo de territorio ¿Para qué caminar hasta que se hinchen las várices si ya se la tienen dada a doctor Monreal?
La Ciudad de los Palacios (… de Hierro, en lenguaje para los que nos gusta el trapo) ha comenzado su propia batalla. El problema es que el impacto mediático nacional de “Las Corcholatas” Vs. “Los del Frente” eclipsa todo intento de protagonismo de los suspirantes locales que, ahora que lo pienso, bien podrían protagonizar la afamada telenovela de Televisa “Amigas y rivales”, donde a la letra de la canción que acompañó al culebrón, le podríamos cambiar “Ellas sólo quieren amar” por “Ellos sólo quieren ganar”.
¿De qué cuero saldrán más correas? A un año de distancia de la elección del 2024 el tufo de la constante de la política ya se ve venir: la traición.
Twitter: @betotavira






