No cabe duda que todo el mundo está mirando hacia esa luz: la de las candidatas y los candidatos. Sólo los guapos miramos hacia las sombras, y nos preguntamos “¿Y quién acompañará a quien va a quedar?”
Ya no se habla de otra cosa. La sucesión presidencial tiene acaparada la conversación en todos los cafés con decoración instagrameable a los que vamos los guapos. La pregunta “¿Y quién va a quedar?” es la que más veces han repetido, en lo que va del 2023, las comadres de #MiCISEN quienes, por cierto, siempre me interrumpen con su curiosidad política mientras le tomo su retrato a mi Chai Latte con leche de almendras, a 180 grados, espolvoreado con canela orgánica.
No cabe duda que todo el mundo está mirando hacia esa luz: la de las candidatas y los candidatos. Sólo los guapos miramos hacia las sombras, y nos preguntamos “¿Y quién acompañará a quien va a quedar?” Parece una pregunta ociosa si no se sabe lo que representa el poder de compartir la alcoba con el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas; para quien no tiene idea del poder de hablarle al oído al Jefe del Ejecutivo; para quien ignora el poder de convertirse en confidente del presidente de México.
Sobre los asuntos de la cintura para abajo de los mandatarios mexicanos se ha escrito mucho. Desde la ficción lo ha plasmado Francisco Martín Moreno en sus Arrebatos Carnales; desde el rigor periodístico lo ha documentado Alejandro Sánchez en su libro Las mieles del poder. Historias de sexo y política en México. De la cintura para arriba combinado con escándalos de corrupción de las primeras damas también hay de chile, de mole y de manteca. Destaca La Casa Blanca de Peña Nieto, de Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragán.
Quien diga a estas alturas que la vida privada de los políticos no es un asunto público no ha entendido que en lo más profundo de la superficialidad habita lo más revelador de la profundidad. En los árboles genealógicos de la clase política siempre se asomará por sus ramas la ruta del dinero que, a partir del número de dígitos, permite descubrir de qué tamaño fue el delito. Por lo tanto, resulta absolutamente relevante saber quién acompañará a quien va a quedar.
Al cierre de esta entrega de Política para guapos hay dos punteras, a juzgar por las encuestas: Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez. De llegar a la Presidencia de la República en 2024 cualquiera de ellas, estaríamos frente a la primera mujer presidenta de México. Y, por lo tanto, también la primera vez que llega un “primer caballero” –lo bautizaremos así para efectos de practicidad en este texto.
Todavía no tengo el gusto de conocer personalmente ni a Jesús María Tarriba Unger, el prometido de Claudia, ni a Rubén Sánchez Manzo, el esposo (sin estar casados ni por la Iglesia ni por lo civil) de Xóchitl. Pero por lo que he escrito sobre sus mujeres y por lo que he stalkeado sobre de ellos, tienen dos cosas en común: la alergia a la política y estar más allá que pa’aca. Y con esto último no me refiero a su acta de nacimiento (aunque un poco sí, Jesús María ronda los 60 años de edad y Rubén tiene 71) sino a que ya se partieron el lomo durante décadas en sus respectivas carreras profesionales como para que ahora tengan que servir de “floreros” para las fotos.
No perdamos de vista que tanto el prometido de Claudia como el marido de Xóchitl no son hombres que han estado sobre el pantanoso terreno de la polaca. Jesús María apenas se reencontró con Sheinbaum en 2019. Es decir, lleva alrededor de 4 años viendo, no tan de cerca, ese cuadro de terror llamado política. Por su parte, Rubén, a pesar de llevar más de 25 años al lado de Xóchitl, ella apenas entró a la grilla en el 2000. Dicho en lenguaje para guapos, ambos han olido el azufre de lejitos y por poco tiempo.
Para el “primer caballero” que llegue todo será un nuevo mundo donde además de asumir el papel de la sombra, sus decisiones más personales, las del ámbito privado, o van a ser supervisadas y aprobadas por un “experto” o van a ser señaladas por la opinión pública. Con este campo acotado ¿A qué se van a dedicar durante el sexenio de sus mujeres? ¿Presidirán el DIF? ¿Asumirán algún cargo honorario de alguna dependencia del gobierno? ¿Cobrarán o lo harán gratis?
Si para algunas esposas de los presidentes en turno ha sido un vía crucis el sexenio de su marido, para los maridos de las posibles presidentas lo visualizo como un Infierno. De entrada porque serán pioneros en algo que en México no sabemos cómo acomodar ni de fondo ni de forma. Esto sin considerar la personalidad del consorte que, según tengo entendido, estos dos antes mencionados no son ningunos mandilones.
¿Cuál va a ser la respuesta de Jesús María cuando le pidan colocarse como el único hombre para una fotografía oficial con las primera damas de otros países? ¿Qué va a decir Rubén si los asesores de imagen de la Presidencia le piden pintarse su pelo cano de negro para no hacer parecer mayor a la señora Presidenta en las fotos juntos? ¿Cómo les vamos a llamar en México “El consorte”, “El primer caballero”, el “Firts Gentleman”?
Ya sé que en otros países del mundo ha habido presidentas o primeras ministras que han llegado casadas a la cúspide del poder como Michelle Bachelet, en Chile; Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina; Xiomara Castro, en Honduras; Angela Merkel, en Alemania, incluso Margaret Thatcher, en el Reino Unido. Esto puede ser un referente, sin duda, pero la neta México es México y nuestras primeras veces siempre han sido un caos.
Falta menos de un año para la elección presidencial, pero desde ahora la contienda ya tiene aroma de mujer. Lo interesante es que, de cumplirse el pronóstico, estará llegando a la Presidencia una mujer en un México feminicida y, su esposo tendrá que estar dos pasos atrás, en un México machista.
Pido al Dios de los guapos que nos ampare, así en el Cielo como de las Señoras Presidentas.
Twitter: @betotavira






