“Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Esa frase de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Adolfo Hitler, tiene absoluta vigencia tanto en nuestros tiempos como en la clase política mexicana. Esa misma vigencia incluye las historias de la cintura para abajo a las que tanto nos asomamos los guapos y otros espectadores de las vidas ajenas.
Este repaso viene a colación a propósito de la fotografía que el pasado 1 de noviembre colgó en su cuenta de X, antes Twitter, el hasta ahora alcalde de Cuajimalpa Adrián Rubalcava Suárez, de 46 años de edad, en la que aparece abrazando, por detrás y sonriente, a la alcaldesa de Cuauhtémoc Sandra Cuevas Nieves, de 37.
La imagen no tardó en alcanzar el estatus de Viral. No era para menos. Es provocadora por donde se le quiera ver: Fue publicada a las 3:15 de la madrugada acompañada del texto “Quién diría, excelente velada. Gracias! @SandraCuevas_”, con lo que queda claro que una reunión de trabajo no fue, pues incluso el fondo aparenta ser un restaurante.
El contacto corporal con el que posan los dos políticos cruza toda frontera de la simple amistad. Adrián aparece entrelazando sus manos a la altura del ombligo de una Sandra que, previamente, calculó editorializar ese momento a través de su ropa utilizando un vestido ceñido color marfil –muy común en los vestidos de novia–, con un MUY pronunciado escote –nada común en una servidora pública– sin sostén que, con toda la intensión, monopoliza el primer plano.
Al cierre de esta entrega de Política para guapos el post en la cuenta de @AdrianRubalcava tenía 1 millón de reproducciones, 4 mil Me Gusta, 896 RT y 2 mil comentarios que, comparados con el post del anuncio del 5º Informe de Gobierno del mismo Rubalcava (colgado el 26 de octubre a las 5:14 PM) y que tuvo 7 mil reproducciones, 127 Me Gusta, 22 RT y 39 comentarios nos demuestra que lo que más interesa al ciudadano de a pie son las historias de vida de sus mandatarios. El chismecito necesario, hablando en lenguaje para guapos.
Entre los comentarios del taquillero tuit se puede leer: “La pareja del año”, “Que guardadito se lo tenían”, “Próxima pareja presidencial”, “La vulgaridad en todo su esplendor”, “Por fin cenó Pancho”, “Nacos”, “Ambos son solteros y hacen buena pareja”. Pero lamento decirles que no todo lo que brilla es oro.
Sin ánimos de romperles la ilusión por este morboso culebrón estoy en condiciones de confirmar que Sandra Cuevas y Adrián Rubalcava no andan, no son novios, no hay amor, no son pareja erótica. Esto lo sé de muy buenas fuentes. De gente muy cercana al alcalde ojiazul. Y no de una ni de dos sino varias personas que dan fe ante Notario Público que, hasta el momento de escribir este texto, el todavía político priista no ha tenido ni tiene una relación sentimental con Sandra Cuevas.
Dicho lo anterior estamos frente a una mentira convertida en verdad la cual, por cierto, los protagonistas han alimentado de manera indirecta a través de imágenes sugerentes y textos ambiguos. Ninguno de los dos ha salido a decir públicamente “sí andamos” o “no andamos”. Sabedores de que los silencios se llenan, lanzan la foto y dejan que las redes hagan lo suyo. Y se divierten. Se divierten muchísimo mientras el Google y el YouTube repiten mil veces la mentira.
Hoy todo el mundo que los conoce (no de cerca) da por sentado que son novios. La realidad es que no tienen una relación sentimental de pareja, lo que sí tienen Sandra y Adrián son aspiraciones políticas. Lo que comenzó como un tanteo para ver qué efecto multiplicador adquiriría su romance, se ha convertido en una estrategia capitalizable en el corto plazo y, quizás, contraproducente en el largo plazo.
La memoria emocional es más longeva que la memoria racional. Lo que nos conectó o hizo tener empatía o antipatía en esa “historia de amor” será más recordado que, incluso, los cargos públicos que ocupaban los protagonistas de la historia o el partido al que pertenecían o las obras públicas que inauguraron durante su gestión.
México es un país que ha adquirido su educación emocional a través de las telenovelas y la de Sandra y Adrián tiene la fórmula que ha traspasado fronteras: la muchacha de escasos recursos que logra ascender socialmente a través de su trabajo y se enamora de un príncipe azul rico y guapo que, al casarse, le da una mejor vida. El ingrediente extra en este drama es la búsqueda del poder.
Ahora mismo Sandra y Adrián nos tienen muy divertidos bailando juntos a todo perreo la canción de La Bebe de Peso Pluma en un evento en Tepito. Nos tienen muy entretenidos simulando la escena de la película Titanic donde Jack sujeta de la cintura a Rose quien extiende por completo sus brazos en la proa. En el caso de nuestra región 4, es decir, de Adrián y Sandra, fue en la orilla de un escenario montado en la explanada de la alcaldía Cuajimalpa con My Heart Will Go On de Céline Dion de música de fondo.
El riesgo de esta “historia de amor” es que al no ser real no hay compromisos ni acuerdos ni reglas, por lo que en cuanto uno se sienta traicionado o en desventaja puede haber heridas profundas. Sospecho que ese sentimiento florecerá en Sandra Cuevas. Y ahí sí hay peligro. Ya lo dijo Sócrates: “Temed al amor de una mujer más que al odio de un hombre”.
Ahora bien ¿A dónde van juntos Sandra Cuevas y Adrián Rubalcava? De entrada, al algoritmo de todas las redes sociales que, como ya sabemos, también alimentan de contenido a los medios tradicionales. Luego van a divertirse porque de que se la están pasando bien no hay duda. Más adelante, con la cosecha del conocimiento obtenido, va cada uno a su destino prospectado: Adrián al Senado de la República y Sandra, con cambios de opinión más constantes, podría ir a la Cámara de Diputados.
Anticipo que esta telenovela no tendrá un final feliz. Habrá uno o varios daños colaterales. Pero a diferencia de las producciones del Canal de las Estrellas, un verdadero político siempre debe de tener la cabeza fría y estar preparado para la traición. Siempre.






